Pregunta
Un día pensé en alegrar a mis hijos, que eran pequeños, al sacrificar un animal, y no le informé a mi esposo, a pesar de que el costo del sacrificio salía de mi salario.
Respuesta
Yo digo y con la ayuda de Dios: tú tienes el derecho de disponer de ello, y no es necesario que tu esposo sepa de todo lo que haces, y Dios sabe mejor.